Abuela Luli. Cuenca.

No me canso de repetir que estas sesiones son un regalo para tus hijos más que para tus padres. Pagaría por tener una imagen cuando mi abuela me contaba un cuento para dormirme, o me hacía cosquillas en la espalda.  

   Entre rulos y cepillos pasamos una mañana de lo más divertida, quién le iba a decir que la jubilación le traería un regalo como su niña, que sin que me escuche nadie más de la familia apostaría a decir que en tan poco tiempo ha pasado a ser su ojito derecho.